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El relieve de la Tierra y la deriva continental

Publicado por Santiago

El origen de las montañas siempre fue un misterio para los científicos, hasta que ya en el siglo XX se descubrió los mecanismos de la tectónica de placas. Pero cómo se llegó a formular esta teoría científica es una historia apasionante.

Explicar cómo se han formado las montañas, más allá de dar por supuesto que están ahí porque sí, no era fácil para los científicos. Hasta mediados del siglo XX la teoría más aceptada era la de la contracción terrestre. Afirmaba que como la Tierra, en su origen, había sido una bola incandescente debería estar dilatada, y que al enfriarse la parte externa de la tierra se arrugó formando las montañas. Pero esta teoría tenía un problema. El enfriamiento de la Tierra tubo lugar en un determinado momento, y se sabía que la formación de las montañas había tenido lugar en momentos diferentes, y mucho más próximos a la actualidad. Además, en este caso todas las montañas deberían estar erosionadas por igual.

Pangea animación

Teoría de la deriva continental

Hacia 1912 Alfred Wegener se fijó en que la forma de los continentes americano, europeo y africano encajaban sospechosamente. Entonces formuló una hipótesis que sería el origen de la actual tectónica de placas: la deriva continental. Wegener se imaginó que en el pasado todos los continentes estuvieron unidos en un gran supercontienente al que llamó Pangea (en griego pan: toda gea: tierra). Hace unos 30 millones de años, en pleno Carbonífero, este gran supercontinente se rompió en dos: Laurasia y Gondwana. Algunos millones de años más tarde también estos continentes se partirían y separaron. Los continentes se desplazarían por la superficie de la Tierra hasta adoptar la configuración actual. Aventuró que en estos desplazamientos los continentes chocarían, y producto de estos choques surgirían las montañas. Era una hipótesis muy bonita, pero no tenía ni una sola prueba de que fuera verdad; tan sólo unos pocos indicios: plantas y animales fósiles idénticos en América de Sur, África, la India Australia y la Antártida; coincidencia de estructuras geológicas y poco más. Pero ¿cuál era la fuerza capaz de mover continentes?

A comienzos del siglo XX el estudio de la estructura de la Tierra dio unas pistas muy significativas. Se descubrió que el interior de la Tierra era de un material plástico (el magma del manto) y que se movía «como si fuera agua hirviendo». De esta manera Arthur Holmes dio con la clave. En el interior del manto existían corrientes convectivas capaces de mover los continentes como si fueran sobre una cinta transportadora.

Los estudios con ondas sísmicas del interior de la Tierra confirmaban esta teoría, pero la prueba definitiva vino de la mano del paleomagnetismo terrestre. Se descubrió que el campo magnético de la Tierra había cambiado entre el norte y el sur varias veces a lo largo de la historia del planeta. Además se pudo observar la orientación de los minerales metálicos en las rocas, que coincidían con el campo magnético. Pero esta orientación se fosiliza cuando una roca incandescente (como las que salen por los volcanes) se enfría. En ese momento queda grabado en las rocas la orientación del campo magnético de la Tierra.

Se descubrió que en el fondo oceánico, en torno a las grandes cordilleras submarinas, existían una serie de bandas paralelas con rocas que tenían orientaciones del campo magnético diferentes. Estos quiere decir que todas las rocas de cada banda se enfriaron en la misma época. Se había descubierto la parte ascendente de la «cinta transportadora»: las dorsales oceánicas. A medida que las rocas van saliendo de la dorsal oceánica van empujando los continentes. En el extremo opuesto se descubrieron las fosas oceánicas, que funcionaban como la parte «descendente de la cinta». Además, se descubrió que la mayor parte de los terremotos y volcanes se sitúan bien sobre una dorsal, bien sobre una fosa: las zonas donde las tensiones sobre las rocas son mayores.

Los estudios posteriores demostraron que no son solo los continentes los que se mueven, sino también el fondo oceánico y parte del manto, todo un conjunto que se llama placa. Nace así la tectónica de placas.

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