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El impacto de la ciudad en el medio ambiente

Publicado por Santiago

Una ciudad es un lugar construido por el ser humano para su comodidad, y en el que tiene todas las ventajas. La vida natural está, en buena medida, ausente. Sólo los parques, las riberas de los ríos, los animales de compañía, algunas aves, roedores, insectos, y arácnidos nos recuerdan el mundo salvaje. Pero la ciudad no sólo es un entorno artificial sino que es, también, un espacio concentrado, en el que los residuos se liberan al ambiente de manera masiva.

Atasco nocturno en Manila

La ciudad tiene su impacto en todos los órdenes del entorno. Provoca contaminación lumínica, permitiéndonos ver durante la noche, y ocultando el cielo nocturno. Presenta contaminación del aire, por culpa de la combustión de gasóleos y gasolinas, procedentes, sobre todo, del transporte. La contaminación atmosférica produce un aumento de CO2 y SO2, que provoca lluvia ácida en el entorno.

La actividad humana genera gran cantidad de residuos biológicos, sólidos y químicos: basuras. La eliminación de basura es uno de los problemas más acuciantes de las ciudades.

Entre todos los elementos que contaminan en la ciudad, el automóvil privado es el objeto individual que más impacto produce. Contamina el aire con la combustión, produce excesos de ruido, y ocupa gran cantidad de espacio, provocando atascos y dificultades de movilidad a los peatones. Además, necesita de una infraestructura para circular, que también es, de por sí, contaminante: las calles asfaltadas.

Debido a los altos niveles de contaminación las ciudades tienen un clima diferente al del entorno. Normalmente, la temperatura en la ciudad es mayor que en las afueras. En situaciones atmosféricas en las que predomina un anticiclón térmico la diferencia se hace muy evidente, y aparece una isla de calor. La isla de calor consiste en el rápido aumento de la temperatura desde las afueras hacia el centro urbano. Allí los edificios y el asfalto desprenden el calor acumulado, y se eleva la temperatura. Esta diferencia de temperaturas provoca vientos locales desde el exterior hacia el interior.

Las precipitaciones en las ciudades son las mismas que en el resto del entorno, pero la escorrentía es mucho más violenta, ya que el asfalto y la piedra convierten a las calles y alcantarillas en canales de aguas rápidas. Estas aguas arrastran las basuras acumuladas durante las épocas secas, lo que provoca un aumento repentino de contaminantes en los ríos.

Pero la ciudad no sólo se limita a contaminar el entorno. Necesita, para mantenerse, materias primas y recursos naturales que ella misma no puede generar: agua, maderas, pierdas, energía, alimentos, etc. Todo lo ha de conseguir en la naturaleza, la que tiene cerca o la que está más lejos. Productos, todos ellos, que llegan a través de una red de carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos. Redes que se extienden por el espacio entre ciudades.

Del otro lado, los urbanitas vemos en la naturaleza un espacio de esparcimiento, y ocio. Vivimos en una cultura urbana, y todas nuestras actividades, la economía y las relaciones sociales dependen de las buenas relaciones entre la ciudad y un entorno lo más sano posible.

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