Geografía
Inicio Geografía rural Impacto de la Revolución verde en el Tercer Mundo

Impacto de la Revolución verde en el Tercer Mundo

Publicado por Santiago

Campo de arroz en VietnamLa agricultura y el mundo rural actual está muy lejos de lo que fue antes de la Revolución verde, y no sólo en los países ricos, sino también en los subdesarrollados. Exceptuando los sistemas agrarios tradicionales, en la mayor parte el mundo triunfa una agricultura cuyo objetivo no es satisfacer las necesidades de alimentación de la familia, y el comercio local, sino las de un mercado urbano que cada día es un porcentaje mayor de la población y en el que están ausentes las tareas agropecuarias.

La Revolución Verde fue una iniciativa global iniciada a mediados del siglo XX que buscaba aumentar la producción agrícola. Se centró en la introducción de nuevas variedades de cultivos, mejoras en las técnicas de irrigación, y el uso de fertilizantes y plaguicidas. Su objetivo principal era combatir el hambre a través de mejoras tecnológicas en la agricultura.

En los países pobres el impacto de la Revolución verde ha sido muy diferente. A pesar de tener unas mejores condiciones para la agricultura, depende para su alimentación de los países ricos. Los medios necesarios para la producción agrícola están controlados por empresas foráneas. Además, los países ricos no sólo son autosuficientes, sino que son capaces de poner en el mercado de los países pobres alimentos más baratos que los que estos producen. De esta manera, los campesinos de estas regiones están condenados a la pobreza. El problema del hambre en el mundo no es tanto el conste del transporte de los alimentos de un país a otro, sino que en los países pobres no hay dinero para comprar unos alimentos criados en el mundo rico.

A pesar de sus críticas, la Revolución Verde logró aumentar significantemente la producción de cereales, como el trigo y el arroz, en países como India y México. Estas mejoras contribuyeron a fortalecer la seguridad alimentaria y permitieron a algunos países asegurar el suministro interno de alimentos, reduciendo temporalmente la dependencia de las importaciones.

Otro de los problemas de la agricultura en el Tercer Mundo es que los canales de distribución de los alimentos están en manos de grandes empresas con sede en los países ricos. Son unas pocas, lo que les permite controlar el mercado. Estos mismos, que abogan por el liberalismo económico en el comercio internacional, son los que conforman un monopolio, de hecho, sobre la distribución de los productos.

El hambre y la pobreza en el mundo es uno de los grandes problemas de la humanidad. Y, paradójicamente, en la actualidad se producen más alimentos que nunca, y a precios más baratos. Sin embargo, más de un sexto de la humanidad no tiene alimentos suficientes para desarrollar una vida activa. Y más de un tercio están malnutridas a causa de la escasez. La mayor parte de estas personas viven en el África tropical, en Asia y en América tropical.

Sin embargo, la implementación de estas prácticas intensivas también causó problemas ambientales. El uso excesivo de fertilizantes y pesticidas ha llevado a la contaminación del agua y al deterioro de la calidad del suelo. La sobreexplotación de los recursos hídricos amenaza la sostenibilidad de las prácticas agrarias impulsadas por la Revolución Verde.

La tendencia en la agricultura de los países del Tercer Mundo es a abandonar la agricultura tradicional y dedicarse a la agricultura de plantación. Pero el mundo rico no necesita de la mayoría de sus productos. Los productos que estos países pueden ofrecer son algunos alimentos exóticos y de lujo. Pero cuando la demanda de estos productos se estabiliza los avances científicos consiguen producirlos en masa y rebajar el precio. Además, en caso de crisis económica son los primeros de los que se prescinden.

De otro lado está la agricultura tradicional, que es incapaz de alzarse como dominante en el mercado de sus países. Al fin, acaba siendo una agricultura de subsistencia, cuando debería de satisfacer la demanda de un mercado nacional, como hacen los agricultores de los países desarrollados.

El mundo rural del Tercer Mundo está muy polarizado entre tres sectores, los empresarios agrícolas ricos dueños de las plantaciones, los jornaleros eventuales que trabajan en ellas y los campesinos tradicionales, ambos dos estos con rentas muy bajas.

Socialmente, la Revolución Verde profundizó las desigualdades, beneficiando principalmente a los agricultores con recursos para adoptar nuevas tecnologías. Los pequeños agricultores y las comunidades rurales en algunos casos se vieron desplazados, exacerbando la pobreza en regiones donde la infraestructura de apoyo no fue adecuadamente desarrollada.

Los avances de la Revolución verde pueden ser muy positivos para el Tercer Mundo, pero siempre y cuando se desarrollen circuitos de producción y consumo locales y nacionales. Sólo una vez satisfecha la demanda interna es posible considerar la exportación.

Organismos internacionales como la FAO y el Banco Mundial jugaron un papel clave en la financiación y promoción de tecnologías vinculadas a la Revolución Verde. Sin embargo, también han sido críticos sobre la necesidad de adaptar estas tecnologías a las condiciones locales, promoviendo un desarrollo más inclusivo y sostenible.