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La revolución verde

Publicado por Santiago

La Revolución industrial no sólo tuvo su impacto en la industria. Los productos que proporcionaban también se aplicaron en la agricultura, de esta manera se aumentó la productividad de la tierra, y fue posible alimentar a una población cada día mayor y que, además, no se dedicaba a la producción agraria. Sin embargo, esta contribución fue muy limitada hasta que en la década de 1940 la Fundación Rockefeller puso a disposición de los científicos multitud de recursos para lograr incrementar extraordinariamente la productividad de la tierra. El objetivo fundamental era terminar con el hambre en el mundo logrando que las cosechas fueran mucho más abundantes, independientemente del clima y del suelo en que se cultivaran, pero el resultado final fue otro. A esta aplicación de los conocimientos científicos y técnicos en la agricultura es a lo que se conoce como Revolución verde.

Cultivo de tomates en invrenadero

La esencia de la revolución verde es el uso de variedades de altos rendimientos (semillas VAR), con todos los insumos necesarios para incrementar los resultados. Las nuevas semillas serán más resistentes a las inclemencias del tiempo y a las enfermedades tradicionales de las plantas; pero para que puedan prosperar necesitan, también, de nuevos insumos: regadío, abonos especiales, pesticidas, maquinaria, etc. Todo ello hizo de la agricultura una suerte de proceso industrial. Para sacar una cosecha es necesario hacer una fuerte inversión, ya no sólo en maquinaria e infraestructura sino en otros insumos necesarios para las semillas y en las propias semillas, que sólo sirven para una cosecha, y además están protegidas por derechos de propiedad. En muchas ocasiones semillas e insumos están vinculados a la misma empresa, por lo que se crea un monopolio de productos agrícolas que controlan el precio. De esta manera, la agricultura se ha reservado para los países ricos, y no ha solucionado los problemas de hambre en el mundo aunque produzca alimentos suficientes para todos.

El primer país en el que aparecieron explotaciones con semillas VAR fue México. En 1967 el «Plan Puebla» cubría una extensión de 100.000 hectáreas. Fue en las plantaciones del Tercer Mundo donde antes tuvo su impacto la Revolución verde. En estos países la producción agrícola presenta dos modelos, el tradicional de subsistencia, con los recursos de siempre, y poco productiva; y el modelo de plantación, con grandes latifundios dedicados a un sólo cultivo (monocultivo), y cuya explotación se gestiona como una empresa, con trabajadores asalariados, directivos, etc. La producción de estas plantaciones no está destinada al consumo interno, sino a satisfacer la demanda de los países ricos. El precio del producto resulta demasiado caro para la población local, por lo que vendérselo no generaría beneficios.

La Revolución verde no sólo ha aumentado el volumen de la cosecha, sino que ha generado una importante industria en torno a la creación de semillas, insumos y su distribución. Poco a poco la investigación en ingeniería genética se ha ido haciendo más importante. Muchas de las semillas que se plantan hoy en día provienen de variedades transgénicas. Como es la industria la que proporciona las semillas, la variedad genética de las distintas especies cultivadas en el mundo a disminuido. Hoy en día se cultivan unas pocas variedades de cada especie, cuando antes de la Revolución verde cada comarca tenía una variedad que era la que daba mejor rendimiento en la zona.

La Revolución verde también se ha aplicado a la ganadería. Así, aparece la selección y la ingeniería genética en los productos ganaderos, que ha llegado a la clonación.

La Revolución verde ha aumentado tanto el rendimiento de la tierra por hectárea que ha hecho posible la creación de un clima artificial para la producción agrícola. Así, los cultivos en invernadero son muy rentables. El método más intensivo es el de los cultivos aeropónicos e hidropónicos, en las que no se usa tierra, sino que las plantas crecen en bandejas colocadas en estanterías, sin tierra, sólo con agua, nutrientes y algo de arena.

El uso masivo de abonos químicos y pesticidas termina provocando problemas de contaminación del suelo, el agua y hasta de los propios alimentos. Como reacción a esta tecnificación de la producción agrícola en los países ricos ha parecido la llamada agricultura biológica, que pretende utilizar el menor número de insumos posible.

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