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Influencia del mar en el clima

Publicado por Santiago

El mar, las zonas de agua en general, tienen un efecto regulador del clima local y hasta zonal. La causa es que el agua absorbe y desprende calor a diferente ritmo que las rocas. El calor específico es la capacidad de una roca (o cualquier otra sustancia) para almacenar energía en forma de calor. Las rocas absorben y desprenden calor muy rápidamente. El agua, por el contrario, lo hace con mayor lentitud. De esta manera, se establece una diferencia de temperatura en la costa, entre las zonas de tierra y las de agua. Esta diferencia provoca vientos locales, las brisas marinas. Durante el día la tierra está más caliente, y el aire que hay sobre ella asciende, dejando sitio para el aire más fresco que sopla del mar. Durante la noche el mar está más caliente, y el aire que hay sobre él asciende, dejando sitio para el aire más fresco que sopla de tierra.

Commons Wikimedia: Diagrama de las brisas marinas.

Pero la influencia del mar no se limita a los vientos locales diarios. Durante todo el año el mar se comporta como un regulador de la temperatura. En las épocas de calor el agua absorbe grandes cantidades de energía. El proceso de evaporación es muy intenso, lo que hace que se reduzca la temperatura del aire. Las temperaturas medias cerca del mar son más suaves que en el interior. Durante la épocas frías, por el contrario, el calor acumulado en el agua del mar se va desprendiendo, templando la temperatura del aire. En este proceso la evaporación y la condensación del agua es fundamental, por lo que la humedad relativa del aire en la zonas costeras es superior a las del interior de los continentes. Esta influencia del mar puede llegar muchos kilómetros tierra adentro, gracias al movimiento de las masas de aire.

La temperatura del mar no siempre tiene que ver con el calor absorbido por el agua en el lugar concreto donde se encuentra. Las corrientes marinas lo transportan de un sitio a otro. Es bien conocido que la corriente del Golfo transporta el calor del trópico hasta la Europa del norte, y que gracias a él son habitables latitudes que en otros continentes están cubiertas por el hielo. En general, las corrientes marinas que circular desde latitudes tropicales hacia las polares son cálidas y húmedas, mientras que las que circulan desde las latitudes polares hacia las tropicales con frías y secas.

Pero la atmósfera y el océano se comportan como un conjunto mucho más allá de lo que se puede comprobar a primera vista. El intercambio de calor tiene una dimensión planetaria, de tal manera que se regulan mutuamente. Los vientos provocan el movimiento de las olas, que oxigenan el mar.

Dependiendo de las variaciones de las corrientes marinas el clima de las distintas regiones en las que influye puede variar de manera importante. En este sentido el fenómeno más conocido y estudiado es El Niño, o mejor dicho el ENOS (El Niño-Oscilación Sur). El fenómeno de El Niño se produce por la variaciones en la corriente cálida ecuatorial del Pacífico. Esta, normalmente, circula desde las costas de Perú hasta las de Indonesia, empujada por los alisios. Así, de las costas peruanas se «retira» la humedad, haciendo de ellas uno de los lugares más áridos del planeta, y la llevan a Indonesia, uno de los lugares más lluviosos de la Tierra. Los alisios son los suficientemente fuertes como para garantizar este recorrido, que sin ellos no se produciría. Pero los alisios no soplan con la misma velocidad en todo momento y todos los años. Cada cierto tiempo la velocidad se reduce y las masas de aire húmedo no son capaces de llegar a Indonesia. Además, el anticiclón del Pacífico sur reduce su potencia. En estas circunstancias el tipo de tiempo se invierte. En las costas americanas entran grandes cantidades de masas de aire húmedas que provocan grandes lluvias, mientras que, al mismo tiempo, a Indonesia llegan masas de aire secas, y no se producen las lluvias monzónicas; situación que repercute en todo el Sudeste Asiático.

El nombre del El Niño se debe a que los pescadores peruanos podían pronosticar uno de estos ciclos cuando desaparecían los bancos de pesca en las fechas próximas a la Navidad.

Existe un fenómeno contrario llamado La Niña, en el que la velocidad de los alisios es mayor de lo normal, lo que provoca precipitaciones extraordinarias en Indonesia y el Sudeste Asiático y largas sequías en las costas americanas.

Los efectos de El Niño y La Niña se observan, también en el Índico, y llegan hasta Madagascar, y a largo plazo, a través de las modificaciones que introduce en la Zona de Convergencia Intertropical, en toda la circulación atmosférica.

El Niño es un fenómeno propio del océano Pacífico, debido a su gran tamaño. Ni en el Índico ni en el Atlántico se ha encontrado algo parecido, aunque hay un mecanismo asimilable en el Atlántico norte con la corriente del Golfo.

Los grandes océanos polares también tiene un influencia decisiva en la definición de los climas zonales. El mecanismo regulador es la banquisa polar, o capa de hielo que se forma sobre los océanos. La capa de hielo actúa de barrera aislante dificultando el intercambio entre el calor del agua y el frío de la atmósfera. De esta manera, en primer lugar se provocan fuertes vientos entre la superficie helada muy fría y el mar mucho más caliente. En segundo lugar, impide que se congele el agua subyacente, conservando el calor y dulcificando la temperatura de las zonas próximas, y en tercer lugar, desencadena la circulación termohalina.

La circulación termohalina es una corriente de intercambio de aguas entre la superficie y el océano profundo. Esta corriente recorre todo el planeta. Comienza en el mar de Noruega, donde el agua cálida de la corriente del Golfo se hunde. Esto es debido a un repentino enfriamiento y a que la formación de hielo hace que la salinidad del agua aumente mucho volviéndose más densa. Recorre el Atlántico por sus profundidades abisales, y resurge en las regiones ecuatoriales del Índico y el Pacífico. Se trata de un mecanismo muy lento, que permite la transferencia de energía entre la superficie y las aguas profundas. Es, también, un mecanismo de intercambio de energía entre la atmósfera y el océano.

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