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Japón: Clima y vegetación

Publicado por Santiago

Japón, por la posición y la longitud del país, tiene cierta variedad de climas, aunque el principal es el clima subtropical húmedo, que es más caluroso en el sur y mucho más frío en el centro y norte. En el límite septentrional encontramos el clima de los bosques boreales y la tundra. En general, Japón posee un clima en la que las cuatro estaciones están bien definidas.

Commons Wikimedia: Bosque de Japón

Japón tiene veranos calurosos y húmedos e inviernos fríos pero cortos. Las precipitaciones son abundantes, y en invierno, normalmente, en forma de nieve. El clima está dominado por las masas de aire tropical marítimo, procedentes del oeste del anticiclón hawaiano, y las masas de aire polar continental y ártico.

El anticiclón siberiano y las bajas presiones del Pacífico actúan, sobre todo, en invierno. Traen masas de aire frías que atraviesan el país de oeste a este, provocando inmensas nevadas en el oeste del país. Las grandes cadenas montañosas que dividen las islas hacen que la mayor parte de la precipitación se quede en la mitad oeste, por lo que la costa este es notablemente menos lluviosa. Se produce, así, una disimetría entre este y oeste, con inviernos secos y claros en el este y nubosos y fríos en el oeste.

Ocasionalmente, sobre todo en la mitad sur, Japón se ve azotado por violentos tifones.

El clima zonal se ve modificado por dos factores fundamentales, la presencia del enorme continente euroasiático, que dificulta la llegada de masas de aire marítimas con los vientos dominantes del oeste. Estas masas de aire se cargan de humedad en el mar de China y el mar del Japón. El otro factor es la presencia de la corriente oceánica cálida de Kuro-shivo, que templa el clima de la mitad sur del país, y la corriente fría de Oya-shivo, que enfría la mitad norte. Existe un tercer factor de modificación del clima y es la presencia continua de las montañas, que hacen que el efecto monzónico sea notable, sobre todo en el sur del país.

Las precipitaciones en Japón son elevadas, siempre por encima de los 1.000 mm anuales. En las regiones más altas, y en las del sur, próximas a los climas tropicales, se superan los 2.000 mm. La influencia de los monzones actúa en sentido contrario. El monzón de invierno procede del norte-noroeste, lo que provoca unas temperaturas más bajas y unas lluvias más abundantes en la parte occidental del Japón. El monzón de verano procede del suroeste, lo que implica una subida de las temperaturas y la máxima intensidad de lluvias en las costas orientales. Esta alternancia de los monzones provoca en las estaciones intermedias una inestabilidad general durante ellas. Es la época de los fuertes tifones, especialmente en el sur.

La isla de Honshu tiene inviernos fríos y largos, debido a la acción de la corriente de Oya-shivo, lo que hace que en las zonas bajas, cerca de la costa, las precipitaciones sean en forma de nieve. Las nevadas alcanzan gran espesor en las montañas. No obstante, al llegar el monzón las temperaturas suben notablemente, con oscilaciones térmicas de hasta 25 ºC. Tokio puede tener temperaturas veraniegas similares de los climas tropicales, que en invierno desciendes hasta valores propios de los climas de centro de Europa.

La abundancia de lluvias permite la existencia de una vegetación exuberante, los bosque lujuriosos cubren todo el país, incluso las montañas. Se trata de una vegetación casi propia del bosque tropical, que va perdiendo especies a medida que nos desplazamos al norte; frondosos y coníferas: castaños, hayas, arces, tuyas, pinos rojos y laricios, junto con abedules y fresnos. En el oeste encontramos los bosques de coníferas, junto con bambúes, magnolios y castaños verdes.

En Hokaido la vegetación se vuelve subártica, y tiene semejanzas con la del sur de Siberia: coníferas como la pícea y el abeto, y en las zonas más templadas álamos y hayas.

Los ciruelos, blancos y rojos, los cerezos de floración temprana, los bambúes y los pinos se han convertido en símbolos tradicionales del país.

En Japón los jardines tienen mucha influencia en el diseño de paisajes. Reproducen, en miniatura y estilizadas, las formas naturales. Se han seleccionado, para ello, las variedades enanas, y se ha desarrollado la técnica del bonsai.

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