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La agricultura socialista

Publicado por Santiago

La agricultura socialista está en franco retroceso en el mundo, por el simple hecho de que el modelo de Estado socialista ha caído en la mayor parte de los países. Sólo en lugares como Cuba o Corea del Norte crea paisaje; y, claro está, en China, un país grande y con un sexto de la humanidad. Sólo por eso merece la pena conocer sus características. No obstante lo dicho, en en el ámbito de los antiguos países socialistas (la URSS y los países de Europa del este), el actual paisaje agrícola aún conserva las huellas del modelo socialista.

Plantación de tabaco en Cuba

El aspecto paisajístico de la agricultura socialista en la URSS era muy parecido al de EE UU: grandes explotaciones altamente mecanizadas con un monocultivo productivo, y especializada regionalmente. La diferencia estaba en el régimen de propiedad, que en los países comunistas era público. De esta manera, el agricultor no era un empresario, sino un asalariado de la explotación. En el fondo la agricultura era una forma de vida. Otra diferencia importante era que, debido a lo barato de la mano de obra, empleaba mucha fuerza de trabajo, por lo que su capacidad tecnológica era menor. Este paisaje comenzó a cambiar en el año 2001 en el que se promulgó una ley que permitía comprar y vender la tierra. Pero existen muy pocos agricultores con capacidad para adquirir las enormes explotaciones rusas. Esto ha provocado dos tendencias. Por un lado algunas explotaciones se han dividido y vendido a agricultores locales, que producen para su consumo y el mercado local. Por otra parte las grandes fortunas urbanas han adquirido grandes explotaciones y se han convertido en empresarios agrícolas absentistas, que emplean jornaleros. Estas son las explotaciones que abastecen el mercado nacional.

En los antiguos países de la Europa del este la opción más común fue la compra por parte de los agricultores locales de explotaciones más o menos grandes. La mayoría de estos países han entrado en el año 2004 y 2007 en la Unión Europea, lo que ha provocado un duro proceso de transformación de sus explotaciones. En la actualidad éstas explotaciones deben de dejar de estar orientadas al consumo familiar y el mercado local y han de satisfacer las demandas del nacional y de la Unión Europea. Entran, pues, en la política de la PAC, por lo que recibirán muchas ayudas para su transformación.

El caso de China está, aún, vigente. En China la vida rural es el modelo de revolución, por lo que las resistencias para su transformación son muy grandes. La agricultura china es, mayoritariamente, el tipo de arrozal asiático y cultivado a la manera tradicional, con mucha mano de obra y muy poco mecanizada. A comienzos de la revolución el modelo de producción era la comuna, en el que cada agricultor cultivaba su propia parcela. De esta manera, y al contrario que en la URSS, el paisaje rural chino acabó en un minifundismo generalizado. Pero las necesidades de la mecanización del campo y la asunción de algunos de los avances de la Revolución verde provocaron un cambio de modelo, se instauró la brigada, en la que varios agricultores se hacía cargo de una misma explotación, lo que permitió aumentar el tamaño, para que pudiera entrar la maquinaria. Aún así, en el paisaje continúan dominando las pequeñas explotaciones.

En la economía socialista el mercado está controlado. La producción se establece antes de la campaña, en función de la demanda que se espera. Este modelo tiene un grave problema, y es que cuando las condiciones meteorológicas arruinan las cosechas se producen problemas de abastecimiento. La producción pertenece al Estado, o la controla, y es él quien la pone en el mercado. Este control genera mercados paralelos, ilegales, que complementan la economía familiar.

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