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China: Economía

Publicado por Santiago

China es toda una potencia económica, la tercera del mundo por su PIB, pero con una renta per cápita muy baja (7.598 dólares estadounidenses), que le sitúa en el umbral de los países subdesarrollados. Su Índice de desarrollo humano es 0,777 (medio). No obstante, se está desarrollando una clase media, porcentualmente pequeña pero muy grande en números absolutos, que está impulsando el desarrollo económico de China. Aún así el consumo interno de China es muy bajo.

Commons Wikimedia: Pekín (China)

Su estructura económica está muy desequilibrada. La agricultura aporta, tan solo, el 10% del PIB pero, acoge al 43% de la población activa, lo que nos habla de su bajísima productividad, la industria supone el 50% del PIB y acoge al 25% de los trabajadores, y los servicios son el 40% del PIB y acoge al 32% de la fuerza laboral.

China es un país en pleno proceso de cambio. Ha pasado de una economía socialista planificada y prácticamente autárquica, a una economía socialista y planificada en el interior, con algunas zonas en las que se permiten las prácticas capitalistas, pero plenamente integrada en los circuitos mercantiles internacionales con prácticas totalmente capitalista. El Estado es el gran empresario del país. Se vale para ello de una mano de obra barata y sumisa, y unos costes de producción muy bajos, sin grandes inversiones en tecnología, que se sustituye por grandes cantidades de mano de obra. Su productos invaden todos los sectores del comercio internacional, es la gran fábrica del mundo, pero también la gran importadora, su balanza comercial es, de todas formas, positiva, pero su deuda externa es, también, muy grande.

Así pues, la economía china tiene grandes contrastes. Por un lado está el mundo rural y del interior, dominado por la planificación comunista, y por otro el mundo industrial y desarrollado de las ciudades de la costa. Además, en la ciudades de Hon Kong y Macado se practica un capitalismo liberal plenamente desarrollado, ya que fueron descolonizadas recientemente con estas condiciones.

Para activar el desarrollo económico chino de una manera controlada, las autoridades escogieron una serie de ciudades a las que se dotó de privilegios que permitían prácticas capitalistas, las Zonas económicas especiales. Las Zonas económicas especiales se crean en 1980, en cuatro ciudades: Shenzhen, Zhuhai y Shantou en la provincia de Guangdong; y Xiamen en la de Fujian. Salvo Xiamen, eran pequeñas ciudades cercanas a Hong Kong, Cantón y Macao. En 1984 se amplió en sistema a otras 14 ciudades, y en 1988 se hizo Zona económica especia la isla de Hainan, que ya no es una ciudad si no todo un territorio. En 1990 esta ampliación al territorio se aplicó al distrito rural de Pudong, en Shanghai, modelo que se reclama desde otras ciudades.

Las zonas económicas especiales son un éxito de desarrollo para las autoridades chinas, pero tienen ciertas debilidades, como por ejemplo, que dependen en exceso de la inversión de capital extranjero. Esta inversión viene llamada por los bajos precios de la mano de obra, por lo que sustituyen la inversión en tecnología por fuerza de trabajo, comprometiendo el desarrollo futuro de la industria china. Además, estas zonas necesitan grandes inversiones en infraestructuras, a cargo del Estado chino. La fuerza laboral, por otra parte, tiene muy pocos o ningún derecho, ya que están prohibidos los sindicatos y las huelgas, y no tienen jubilación ni otras cargas sociales, agravado por el hecho de que muchos trabajadores son inmigrantes sin papeles dentro de su propio país, al carecer de su «pasaporte interno». Todo ello provoca una gran debilidad del desarrollo chino.

Mención aparte merecen los caso de Hong Kong y Macao, dos enclaves plenamente capitalistas recientemente descolonizados. Hong Kong el 1 de julio de 1997 y Macao el 19 de diciembre de 1999. El caso de Hong Kong es muy peculiar, pues fue un importante centro financiero durante el dominio británico. Se trata de una economía de servicio especulativa, en la que el principal sector económico son las exportaciones y las importaciones, de productos que, en la gran mayoría, ni siquiera llegan a su puerto. Se trata, pues, de empresas de negocios que tienen su actividad fuera de China.

Así pues, la economía China tiene una agricultura anclada en los principios de la revolución socialista maoista, autárquica y con la comuna como modelo esencial, aunque cada vez una parte mayor de la agricultura se produce para la exportación, la industria depende del capital extranjero, con los condicionantes que ponen las autoridades chinas, y los servicios son casi inexistentes para los chinos y muy escasos para las empresas. Esto incluye una red viaria insuficiente, un comercio interior porcentualmente pequeño, aunque muy activo en las zonas económicas especiales, y un turismo muy controlado y centrado en unos pocos puntos del país.

El potencial de desarrollo de China puede convertirla en la economía más importante del mundo, pero las prácticas capitalistas controladas por el Estado, y las grandes diferencias de desarrollo impiden su despegue definitivo.

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